domingo, 7 de febrero de 2016
Sin más me encuentro de nuevo sumergido entre sentimientos que no pedí, sentimientos que no quiero, y una vez más no puedo ver más allá de lo que me bloquea el corazón, y una vez más la batalla la ha ganado el descerebrado que siempre lleva las riendas, guiando mi vida por un sendero de contradicciones y de tristeza, ya que todo lo que puedo hacer es aceptar que lo que siento es lo que me define, por lo cual nada más importa que lo que en su momento pueda querer, porque no quiero para mí todo esto que me acecha, pero no puedo evitar que una y otra vez me alcance, y en determinados momentos hasta parece que soy yo el que corre en su dirección.
Oh soledad que me llamas, ven conmigo de la mano y llévame por tu camino. Ven y deja que me una a tu marcha, tan solitario como sólo lo puedo estar conmigo mismo. Porque lo único que en verdad anhelo es que me tomes por completo. Soy tuyo y solo tuyo, mi alma ya no tiene color, porque se ha ido desgastando con cada gota que he derramado. No quiero más que tu frío abrazo, ese frío sentimiento que hace que olvide todos los demás, ese helado tacto que hace que sienta algo verdadero, ya que todo lo demás no son sino falsas ilusiones que recurren a mi corazón, ilusiones mentirosas disfrazadas de esperanzas, esas mismas que una y otra vez no hacen más que desgarrar cada fibra de mi sentir, cada parte de los restos de mi maltrecha alma. Y no quiero ser víctima de ellas de nuevo. Ven soledad y llévame de la mano, ven y guíame para que no me pierda. Ven y tócame con tus frías caricias, ven y consuélame mientras hielas cada uno de los sentimientos que agonizan y se empeñan en vivir…
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